Con menos uso de libros impresos, explican por qué la biblioteca sigue llena

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Una directora describe las inversiones que alentaron un proceso de innovación en la Biblioteca Central de la UNNE.  

La aceleración de procesos de despapelización y de uso de pantallas fue reconvirtiendo a las bibliotecas en pocos años. La coordinadora del Repositorio Institucional UNNE (RIUNNE) explicó a NORTE cómo transita una etapa en la que las salas de la biblioteca central siguen llenas.

 

«El uso del formato impreso descendió de una forma impresionante y después de la pandemia, mucho más», describe Berta Bonacorsi.

 

La especialista recuerda que durante el confinamiento nadie podía ir al edificio, entonces se estudiaba apelando a otras herramientas de la tecnología.

 

Sin embargo se realizaron inversiones que fueron ampliando las posibilidades tecnológicas.

 

Una definición que subraya es el destino de los recursos universitarios: «Es la revolución que hace el Estado con políticas públicas poder disponer toda la investigación que realiza la universidad a disposición de la comunidad», dijo recientemente a Radio UNNE.

Berta Bonacorsi, coordinadora del Repositorio Institucional UNNE (RIUNNE)

 

Nuevos problemas 

 

La acumulación de volúmenes en edificios con capacidades limitadas también empezó a ser un problema.  El planteo sobre qué hacer con los libros y documentos impresos es una preocupación que comenzó en Europa y atraviesa a toda la formación de educación superior.

 

En países del hemisferio norte se cerraron lugares que concentraban grandes colecciones, se digitalizó la mayoría de los libros y otra parte se redujo en quemas o donaciones. Esos edificios se refuncionalizaron, dejando de funcionar como bibliotecas o archivos.

 

«Se cree que la biblioteca con archivos en papel ya no sirve. Y los problemas de la despapelización generan nuevas situaciones y crisis», resume Bonacorsi.

 

El proceso llegó a la Argentina hace unos seis años. Con cambios que proponen formas de reducción de espacios. Se dejan de comprar ejemplares y volúmenes, y después de inversiones fuertes (de 2006 a 2010), se siguen incluyendo títulos pero en pequeñas compras o donaciones.

 

Lo actual 

 

«Hoy se trabaja constantemente con pantallas y prácticamente desapareció todo lo demás. El investigador, por ejemplo cita su trabajo a través de un enlace; ya no le piden la página o el capítulo. Lo mismo para el currículum si vas a concursar», describe Bonacorsi.

 

La directora habla con orgullo del desarrollo alcanzado con el repositorio de la UNNE: «La biblioteca se va adaptando para convertirse en un espacio de encuentro. Vemos que se busca un lugar por la información que encuentran acá. También en instalaciones neutras pueden concentrarse para leer; hay internet, computadoras, baño y agua para mate».

 

 

La descripción se condice con un paisaje concurrido: «Acá vienen porque tenemos dan todas las comodidades. Y los estudiantes se apropian de estos espacios. Vienen con sus cosas, tienen su lugar preferido. Son de distintas disciplinas, de Arquitectura, del Profesorado de Historia o de Ciencias de la Información, cada uno con su impronta», dice.

 

Bonacorsi asegura que se va por más en un proceso de cambio tecnológico con tres plataformas y sus respectivos software. Para la gestión de la colección de biblioteca se incorporan más aplicaciones y usos como por ejemplo que un estudiante pueda hacer una reserva desde su casa.